viernes, 28 de abril de 2023

Un poema para hoy

                                                              Gaviota y nube

                                  

 Va volando una gaviota por la 
inmensidad del cielo...
Se confunde con la nube que allá
por las lejanías formando extrañas figuras  
es llevada por el céfiro 
y el sol con su luz radiante acentúa 
la blancura de la gaviota y la nube.
¿ donde van las dos errantes por 
el  anchuroso mundo?
Una busca un solitario, lejano y 
agreste monte donde llorar soledades, 
y al convertirse en fría lluvia morir
 para alimentar riachuelos y quebradas, 
manantiales y lagunas; o al tenderse  
por el campo transformarse ha en rocío 
sobre la madre natura en una noche de luna. 
Con el calor matutino, semejante al ave Fénix 
se remontará en lo alto como nueva 
y frágil nube para viajar a lo ignoto 
cabalgando sobre el viento.
La otra cruza los mares hacia alguna playa
ardiente, en busca de aquel amor que 
compartirá su suerte, y de ese tibio nido 
 nacerá el polluelo tierno
que al llegar a ser gaviota, henchido el pecho
de orgullo mostrará el plumaje blanco.
y ella sola y moribunda, tendida sobre la arena,
 lo verá en el horizonte que se junta con la nube
entre las aguas y el cielo.

FIN

viernes, 18 de noviembre de 2022

Así es mi tierra

















 

En Halloween

 

Terror

 


¡Maldita sea! No se porque me dio por quedarme hasta tan tarde en ese sucio y maloliente bar, hablando mierda con ese grupo de borrachos degenerados y con aspecto de mendigos. Allá estarán; echando  humo como locomotoras viejas y pelando sus amarillentos, deformes, sucios y escasos dientes. ¡Pendejo que es uno!  Aguantar ese olor acre de sus sobacos y el sudor añejo de sus raídos trapos. 

 La luz  macilenta y triste   de la bombillita  cubierta de polvo, cagada por las moscas, y tan vieja que  da la impresión de querer irse a descansar ya al bote de la basura, hace  que todo se vea entre penumbras.  Pero allá, al menos estaba a salvo  de sufrir este terror que me tiene casi loco ¡No joda! ¡Pero bueno! Que vamos a hacer, si cuando uno se emborracha no le tiene miedo a nada, ni a nadie. ¡No! ¡No! Eso no es cierto. O si no, véanme aquí  tendido en mi decrépito catre temblando no se si de frío o de miedo.

 ¡Estoy que me orino! ¡Pero no!  Mejor me aguanto o me orino aquí mismo. Si me levanto, de pronto me encuentro nuevamente con esa cosa  ¡No! ¡Aquí me quedo!

 Tengo una sequedad horrible en la garganta, el frío me cala hasta los huesos y el viento helado se cuela por mi pobre ¡Que pobre! Miserable pieza. Y los otros cuatro  desgraciados  allá, jartando aguardiente de contrabando, burlándose hasta de la madre y rascándose la sarna que les corroe el cuero. Pero ellos, al menos están  tranquilos.

 ¡Oh! ¡Que relámpago fuerte!   Todo se ilumina como un infernal fogonazo. Los opacos vidrios de la vetusta ventana  dejan ver una sombra afuera; mejor me cubro la cara  con mi cobija. El trueno que  sigue hace tintinear los vidrios y temblar el contorno. El viento huracanado que gime en las oquedades, desgarra  la copa del árbol del patio. Algo infernal cubre mi espacio. Porqué tuve que venirme, si sabía que el camino era oscuro, largo, solitario y cubierto de fango. Si muchas veces me  aconsejaron no pasar por aquella mata de guadua después de la media noche. ¡Bruto que es uno que no oye consejos!  O el trago, que nos hace valientes, como pensé antes.

 ¿Que va llover? ¡Que me importa! ¡Cuidado en el guadual! ¡Váyase al diablo! ¡Yo me voy! y me vine  ¡Maldita sea! Y aquí estoy, enfangado, mojado de pies a cabeza, y sintiendo  nuevamente en mi nariz  ese aliento fétido y caliente  con olor a carroña que pronunció mi nombre  ¡Doroteoooooo! cerquita de mi cara al pasar por el guadual. Y esa mano grande que me empujó e hizo caer de bruces entre el fango. Con sus uñas largas y afiladas que  despedazaron mis harapos rasgándome las carnes.

 ¡Sí! creo que me puse de pie y corrí y corrí  y corrí como nunca lo había hecho. En mi sopor aguardentoso, me acuerdo de Cristo y sigo  corriendo, chapuceando barro, resbalando hasta quedar  gateando, me levanto nuevamente, miro hacia atrás, algo que no veo me persigue, me acosa, me aterra.  Ahora caigo de espaldas entre el aguado fango. ¡Allí está! Vestido de negro. Bajo su sombrero de ancha ala veo sus ojos como carbones encendidos ¡Oh no! Que alto es.  Su capa  azabache flamea con el enfurecido viento. Ya no estoy embriagado ¡Logro fugarme! y sigo en mi enloquecida y zigzagueante carrera. ¡Que largo es el camino!  ¿Y la llave?  ¿Donde está la maldita llave? ¡Por fin la bendita llave!

Entro y de un salto caigo sobre mi  desvencijado lecho. ¡Y aquí estoy ya! Pero esa cosa está por aquí,  siento su presencia. Y los malditos allá en el bar cagados de la borrachera; pero sin  miedo.¡Oh! ¡Aquí está otra vez! De pie junto a mi lecho. Sus ojos como brasas. El relámpago deja ver su rostro… La calavera blanquea. Y esas manos huesudas, de uñas largas y filosas como navajas que se acercan a mi garganta, que me aprietan, que me ahogan, que me matan.

¡A g..g..g..g..g. g!

jueves, 17 de noviembre de 2022

Un poema

 

VORAGINE

Poeta…Detente…

Templa tu lira, tu doliente lira y escucha atentamente a la negra musa de la melancolía.

Observa como pasa por la calzada triste la pobre humanidad envuelta en polvaredas y humaredas fatales, venenosas, letales.

Mira…Ahí va un niño negro, esqueleto viviente, de ojos desorbitados y boca agonizante oculta entre las moscas inmundas y zumbantes.

Un estudiante avanza que no ha desayunado; que no ha desayunado como otros en su clase; a su lado un obrero, huérfano de esperanzas va gritando cual loco exigiendo sus pagos.

Va un rico empobrecido tres veces secuestrado por altivo y  avaro; por avaro y soberbio secuestrado tres veces.

Va una madre llorosa con sus pechos vacíos apuntando al eterno, quien silenciosamente no ha escuchado sus quejas.

Va una señora noble que se ha prostituido y con ella una niña harapienta, violada; víctima que no entiende del incesto malvado.

 Pasan los valerosos, los invencibles, los intocables y altivos militares de graníticos rostros y almas gelatinadas.

Políticos corruptos, gobernantes corruptos, militares corruptos, religiosos corruptos, etcétera  corruptos, en carrera imparable hacia el abismo ardiente.

Niños, jóvenes y viejos envueltos en el fango de de amargas inconciencias y vicios putrefactos matones de la vida, corren al precipicio de eternas perdiciones.

Y tú…

Oh! dolido poeta, habitante de arcanos.

Oh bardo soñador, amante de tristezas.

Oh aeda solitario pensativo y doliente, que haces ahí en la acera. Impotente….Lejano.

Esgrimiendo tu pluma. Pidiendo amaneceres de amor, de paz y de justicia. Soñando en ilusiones, amando a lo infinito y buscando a un Dios perdido.

Mirando con tristeza la turba enloquecida que va llegando ciega al averno infamante de orates dominantes. Pirómanos del mundo con armas que aceleran su destrucción ardiente.

Y caerá el silencio…Y cubrirá la noche…

Y ya no habrá más vida…Y reinará la muerte.

Fin

El soneto---La vida, el dolor, la tristeza


A TI



A ti que  con amor todo lo llenas

y en tu cruel soledad triste y llorosa,

vas deshojando la fragante rosa

de tu dolor y tus amargas penas.

 

He de volver… y en horas tiernas, plenas

de inmenso amor decirte que eres diosa

con dulces versos o  elegante prosa

en noches azuladas y serenas

 

Acariciar tu cabellera blonda,

unirme a ti con amorosos lazos

mientras se escucha del reloj su ronda.

 

Y a tenue luz del lampo de la mesa,

descansar quiero entre  tus suaves brazos

inclinando en tu pecho mi cabeza.

 

 

 

 

 

 

Lo que ve mi cámara











 

viernes, 26 de agosto de 2022

 

 Encuentro amargo


J. Antonio Marín E.

 -Quien esté libre de pecado,

arroje contra ella la primera piedra-  

Juan 8-7

 

La ciudad, con sus interminables calles iluminadas por la blanquecina luz de las lámparas de mercurio, y por las intermitencias de los avisos  de neón, se envolvía en una espesa niebla de soledad y silencio. Solamente, en los diferentes centros de diversión se escuchaban las notas de las orquestas y de los stereos  con las que los amigos de la vida nocturna trataban de olvidar sus preocupaciones y sus penas. Con la cabeza gacha y con las manos entre los bolsillos,  los ebrios caminaban   por el centro de la vía  rumbo a sus quizás empobrecidos hogares.

 

La noche de aquel sábado había avanzado mucho cuando (después de haber estado en otros sitios de diversión) ingresaba yo en compañía de dos amigos a la casa de citas “Nelly” en cuya  sala, amplia y perfectamente decorada,  estaban sentados sobre sillones abollonados y  finos los  clientes de aquel burdel en compañía de ultrajadas mujeres que traficaban con sus cuerpos, quizás por no dejarse morir de hambre al no tener otra alternativa en su dura y viciosa vida.

 

Cada una de las mesas estaba surtida con licores abundantes y variados. El humo de cigarrillo inundaba el salón, humo  que al mezclarse con la escasa luz que irradiaban las pocas lámparas que allí había,  formaba una tenue nube roja  que cubría todo aquel lugar.

El olor era una mezcla de perfumes, tabaco y licor en las más variadas formas. Los besos y las caricias cargadas de lujuria, era la nota predominante en aquel lupanar donde llegaban como llegamos nosotros  toda clase de bohemios; unos, quizás huyéndole a problemas conyugales; otros, en busca de nuevas aventuras o quizás con ánimo de comprar por unos cuantos pesos algunos momentos de frío y metálico amor, o por simple y llana curiosidad.

 

En el fondo, y sobre una pequeña pista de baile construida en madera, tres parejas danzaban (tan juntos que parecían uno solo) al ritmo lento y cadencioso de un bolero romántico y tristón cuyas notas impregnaban el adormecido ambiente. Aquellos falsos enamorados tenían muy poco para decirse. La risa nerviosa de alguien se escuchaba en algún sitio de aquel lugar de vicio y de sexo, donde los clientes trataban de explotar al máximo la mercancía que habían tomado en alquiler. Cada uno de los compañeros de farra  ocupó su respectivo asiento alrededor de una mesa de vidrio sobre la cual, la dueña del establecimiento colocó una botella de ron cuyo contenido  escaseaba rápidamente en cada brindis, y allá, junto al mostrador, cuatro meretrices esperaban  el llamado  de los clientes.

 

De pronto, un hombre ya maduro, de escasos cabellos y bigote negro, con una seña de su dedo índice invitó a su mesa (contigua a la nuestra) a una   de las damiselas que mostrando sus encantos charlaba animadamente con sus compañeras.  La mujer, con un falso movimiento de caderas, se sentó muy cerca de aquel que se había interesado en ella.

 

El licor empezaba a hacerme efecto, y en medio del sopor, observé detenidamente a aquella que al sentarse había quedado exactamente frente a mí. Sus cabellos rubios estaban perfectamente peinados para la ocasión. Sus labios sensuales pintados de rojo combinaban perfectamente con el resto de su maquillaje, maquillaje que ocultaba  un rostro de exquisita belleza deformada no solamente por los años, sino por las largas e innumerables noches perdidas en el licor y en el sexo.

 La blusa de tela brillante y fina dejaba ver por su amplio escote un par de senos blancos chispeados de pecas pequeñas, senos cuya flacidez demostraba haber sido objeto de placer de muchos hombres durante los largos años vividos en lugares como aquel en que ahora nos encontrábamos, y al observar nuevamente a aquella prostituta, como un corrientazo llegó a mi embriagada memoria los dulces recuerdos de mis iniciales años de estudiante, cuando siendo niño asistía a conocer los primeros números y las primeras letras a la pequeña escuela rodeada de  naranjos, guayabos y pomales en la que fuera mi vereda querida y apacible. Estaba seguro,  ella era la hermosa niña de piel de lirio bañado por la blanquecina luz de la luna. Sus mejillas tenían el color del  capullo de las rosas,  y su candidez, solo era comparable con la timidez de las violetas. Su cabellera sedosa y rubia, caía en dorados caireles sobre sus hombros blanquísimos.

 Ella era la que en las navidades imitando a la virgen María, arrullaba en su regazo al niño santo de Belén, o hacía de ángel de la anunciación, siendo el orgullo del colegio y de sus compañeras durante los diferentes actos que se programaban con las otras escuelas de la comarca. Mi alma de niño se extasiaba ante aquella criatura bellísima y dulce.

 ¿Qué había pasado durante los años que  transcurrieron sin verla?

 Preguntas como esta atormentaron mi alcoholizado cerebro. Y al levantar nuevamente la copa, la vi deformada por el licor y las lágrimas que humedecieron mis ojos                                                

                                                                         FIN